Hace un mes escribíamos sobre los primeros 15 días preparando el TAI en solitario, con esa mezcla de motivación inicial y respeto al temario. Ha pasado un mes más. La motivación del principio ya no está, y no pasa nada: la ha sustituido algo más útil, una rutina que funciona incluso los días en que no apetece abrir el libro. Esto es lo que ha cambiado en estos dos meses.
¿Qué ha cambiado en la rutina de estudio?
El primer mes iba de fuerza de voluntad: sentarse, aunque costara, aunque no hubiera ganas. El segundo mes ha ido de estructura. Bloques de estudio a la misma hora, con el mismo orden, casi sin pensarlo: primero repaso rápido de lo del día anterior, después tema nuevo, y test al final de la sesión. Cuando la rutina deja de depender de la motivación del día, es cuando empieza a notarse el avance real, no antes.
¿Qué parte del temario ha costado más asimilar?
Sin sorpresas: todo lo que tiene que ver con redes y sistemas, la parte más técnica del Bloque IV, cuesta más que memorizar un artículo de una ley. No es un problema de dificultad conceptual, es un problema de que hay que entenderlo antes de poder memorizarlo, y eso lleva más tiempo del que parece al mirar el índice del tema. La parte de organización del Estado y función pública, en cambio, avanza más rápido: es más lineal, más de repetir y consolidar.
¿Cuánto tiempo real se le ha dedicado a la semana?
De forma realista, entre 10 y 12 horas semanales, repartidas en sesiones de una hora y media, casi todos los días entre semana y algo el fin de semana. No son las 20 o 25 horas que a veces se leen en foros de opositores, y precisamente por eso funciona: es un ritmo sostenible que no ha hecho falta abandonar ni una sola semana desde que empezó.
¿Qué haríamos distinto si empezáramos hoy?
Empezar los test desde el primer tema, no esperar a terminar un bloque entero para autoevaluarse. Hacer test pronto, aunque salgan mal, enseña qué tipo de preguntas hace el examen y evita memorizar de la forma equivocada. También habría que planificar mejor el orden de los bloques: empezar por Bloque I y II, que son más asequibles, ayuda a coger ritmo antes de meterse en la parte más técnica del Bloque III y el IV.
¿Merece la pena seguir en solitario o es momento de plantearse algo más?
A estas alturas, la respuesta sigue siendo la misma que al principio: sí, mientras la rutina funcione y el temario esté claro. La ventaja de estudiar con apuntes propios en lugar de apuntarse directamente a una academia de mensualidad es que se puede evaluar mes a mes si el ritmo, el temario y la motivación siguen encajando, sin haber comprometido cientos de euros por adelantado. Si en algún momento el temario se vuelve inmanejable en solitario, siempre se puede dar el paso a un apoyo mayor, pero no hace falta decidirlo el primer día.
Los mismos apuntes con los que se ha preparado esta primera etapa, ahora completos para seguir hasta el examen.
Dos meses después, la decisión sigue siendo la misma
Empezar por poco, sin permanencia, y comprobar si el ritmo encaja contigo antes de comprometerte a más.
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¿Cuánto tiempo se tarda en terminar el temario completo del TAI estudiando en solitario?
Con un ritmo sostenible de 10 a 12 horas semanales, terminar una primera pasada por los cuatro bloques suele llevar entre 6 y 9 meses, dependiendo de la base técnica previa de cada persona, sobre todo de cara al Bloque IV.
¿Es normal tener bajones de motivación a los dos meses?
Sí, es de lo más normal. La motivación inicial siempre baja; lo que sostiene la preparación a partir de ahí es la rutina, no las ganas del primer día. Si la rutina está bien montada, los bajones puntuales de motivación afectan mucho menos.
¿Qué hago si voy más lento de lo que había planeado?
Reajustar el calendario, no abandonar. Es preferible alargar la preparación un par de meses más manteniendo el ritmo sostenible que forzar un calendario imposible y terminar quemado antes del examen.
¿Compensa cambiar de estrategia de estudio a mitad de preparación?
Solo si la estrategia actual claramente no funciona, por ejemplo si los test salen mal pese a repasar mucho. Cambiar de método por impaciencia, sin darle tiempo a funcionar, suele ser peor que mantener el rumbo.